Ahorro versus Carpe Diem

El concepto de ahorro conlleva decisiones personales importantes para las que no existen pautas válidas apropiadas para todo el mundo. Pero no te preocupes, hay buenos profesionales que te pueden ayudar en este proceso de reflexión. En este artículo vamos a introducirte en ese proceso, para que extraigas tus propias conclusiones, y ayudarte a:

  1. Tomar conciencia de tu situación económica.
  2. Determinar tus necesidades y prioridades.
  3. Tomar una decisión.

Dave Ramsey, asesor financiero, señaló que “debes ganar control sobre tu dinero o la falta del mismo te controlará a ti”. Coge papel y lápiz o abre tu tabla de excel, porque vamos a ayudarte a iniciar este proceso.

Para empezar necesitamos que respondas a estas preguntas. Tus respuestas te ayudarán a definir tu propio escenario económico:

  1. ¿Conoces cuáles son tus gastos fijos/variables mensuales?
  2. ¿Qué planes tienes a corto, medio y largo plazo?
  3. ¿Cómo puedes iniciar un plan de ahorro y en qué productos te conviene invertir?

Para responder a la primera pregunta es interesante comprender la distinción de los gastos que hace Francisco Marín, responsable del proyecto de educación financiera de la asociación europea de asesores financieros (EFPA), quien los divide de la siguiente manera:

a) Gastos Necesarios: son los que debemos cubrir en primer lugar (agua, luz, ropa, hipoteca, alimentos…etc).

b) Gastos Prescindibles: son los que nos aportan calidad de vida como salir a cenar con amigos, desayunar en el bar… etc.

c) Gastos Superfluos: serían aquellos gastos de los que podríamos prescindir sin que en principio afectaran de manera significativa a nuestro día a día, como la tarifa Premium del teléfono o el gimnasio.

Tomemos como referencia esta clasificación, ya que es bastante clara y sobre todo porque es útil para quienes piensen que no pueden ahorrar, ya que durante este ejercicio de reflexión, podrían cambiar de idea, o simplemente reafirmarse en la de que no quieren ahorrar y prefieren aprovechar el momento, “carpe diem”.

Habrá casos en los que vuestros ingresos irán destinados en su mayor parte a cubrir los gastos necesarios y una pequeña parte se destinará a gastos prescindibles. En estos casos, resulta complicado destinar alguna cantidad a ahorro. Aquí nuestro consejo, sería que buscaras ofertas para ver si se pueden reducir de algún modo los recibos de los servicios contratados en energía, seguros, telefonía, etc., pues habitualmente descubrimos que podemos ahorrar más de lo que pensábamos. A quienes su sueldo les permite cubrir los tres tipos de gastos, es interesante que respondan a esta pregunta: ¿destinas  alguna pequeña partida todos los meses a ahorro? Si la respuesta es afirmativa,  ¿destinas  un importe acorde a lo que realmente te puedes permitir? Ahorrar quizá te suponga prescindir de alguno de tus gastos prescindibles o superfluos. Plantéate por tanto, si quieres renunciar a ellos. Si decides introducir la variable del ahorro en tu vida, márcate un objetivo, como, por ejemplo, destinar un 10% de tus ingresos a ahorro.

¿Qué planes tienes a corto, medio y largo plazo?

Los planes a corto plazo, son aquellos que van a producirse en un espacio temporal a contar desde este mismo instante a 5 años vista. Y aquí, podemos incluir desde imprevistos como por ejemplo la rotura del coche, los impuestos a pagar o las vacaciones que queremos realizar el verano que viene.

Los planes a medio plazo pueden ser aquellos que se establecen en un periodo que va de 5 a 15 años. Como por ejemplo, el pago de la Universidad para quienes tengan hijos o comprarte aquella casa en la playa que tenías en mente.

Los planes a largo plazo, se refieren a proyectos de vida a más de 15 años vista, y van a estar relacionados directamente con tu jubilación.

Quédate con estas ideas: lo importante es ir creando un “colchón económico” o “fondo de emergencia”, que te permita afrontar cada etapa, cada imprevisto, cada plan vital. Sea lo que sea que decidas en cuanto al ahorro, será la decisión correcta, siempre y cuando la tomes con pleno conocimiento de las consecuencias futuras.

Si eres de los que has llegado a tu jubilación con los deberes hechos, podrás afrontar esos años con cierto desahogo económico. La disminución de la población empleada, a consecuencia de la crisis, dificulta mucho la sostenibilidad del sistema de pensiones, por lo que se prevén pensiones futuras que supondrán un deterioro importante en nuestra calidad de vida. Y esto no es algo que digamos  tratando de sembrar el pánico, sino que es un hecho del que se nos está alertando continuamente, a través de los medios de comunicación, con frases como “¿quieres saber qué pensión te corresponderá cuando te jubiles?” Tal como adelantaba hace unas semanas David Carrasco, presidente del Instituto de BBVA Pensiones, en El Economista, “no debemos tener dudas de que el sistema de pensiones afrontará sus compromisos hoy y en el futuro porque el sistema es sostenible. Las dudas de los expertos están en su suficiencia, es decir, en si las pensiones serán suficientes para evitar situaciones de pobreza”.

¿Dónde puedo invertir mis ahorros?

Una vez tengo clara qué cantidad puedo destinar a ahorro, la siguiente cuestión a resolver, será qué producto elijo para iniciar esta inversión.

La norma en cuanto a rentabilidad es que los productos que asumen un mayor nivel de riesgo, suelen ser los más rentables. Sin embargo, estos productos no serían idóneos para cualquier tipo de cliente, es decir, debemos elegir los productos en función de nuestro perfil inversor. En este sentido, pueden plantearse varios escenarios y elegiremos el más idóneo para nosotros en función de nuestro perfil:

  1. Elegir productos de alta rentabilidad asumiendo que conllevan un riesgo elevado.
  2. Elegir productos que asuman cierto riesgo para así tener más rentabilidad que un depósito bancario.
  3. No queremos asumir ningún riesgo, queremos seguridad ante todo, y por ello elegimos productos con una baja rentabilidad.

Si realizamos inversiones a largo plazo, os aconsejamos que busquéis la diversidad, es decir una parte en productos sin riesgo, otra parte con algo de riesgo y otra parte en riesgo variable.

Es importante que os dejéis asesorar por personas preparadas y formadas en estos temas, y que con su ayuda, toméis la decisión con el pleno convencimiento de que lo que vais a contratar, es lo que necesitáis.

Hasta aquí llega mi acompañamiento en este proceso de reflexión. Esperamos  haberos ayudado tanto a tomar decisiones como  a establecer vuestras propias conclusiones.

Por último,  nos gustaría  recordaros que: las decisiones que toméis en este sentido, son  muy importantes y que postergarlas no es la solución. El mejor momento para decidir, es ayer.

 

Cristina Chouciño Carril

Responsable del Departamento Financiero

J&D CONSULTING



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